EN EL COCHE (II)


           
¿Quién no ha visto a un conductor al volante, hurgándose despreocupado las narices, mientras espera que el semáforo cambie de color?
            Se siente cómodo, protegido, casi aislado del mundo exterior y sus presiones. Está sólo consigo mismo. Es el útero, la morada apacible, su pedazo de Cielo en la Tierra...
            Pero la luz se pone en verde y suena un claxon apremiante y la magia se rompe en trocitos minúsculos, a lo menos, hasta la próxima detención. Entonces podrá volver a sus cosas. El cubículo se convertirá de nuevo en el espacio más íntimo, en el lugar idóneo para sacudirse la caspa, sacarse la cera de los oídos o echarse unos cuescos y olerse a gusto.