AFGANISTAN: SUMA Y SIGUE.

(Article publicat al periòdic-pamflet L'Escurçó i Co. al setembre de 2002)



 

Aquest article va ser escrit al febrer d'enguany (2002). Malhauradament, sembla estar de total actualitat.


            Hace bastantes semanas ya, me decía un amigo bromeando (¿) que, basándose en la historia de los USA de los últimos 100 años, no tendría nada de extraño que los atentados del 11 de septiembre hubieran sido obra de la CIA, o contaran al menos con su connivencia.

            Ya sé que suena a patraña, pero lo cierto es que resulta llamativo que una cuadrilla de locos integristas (o una organización rica, extendida y disciplinada, lo mismo me da) fuera capaz de golpear de ese modo en el corazón de tamaña potencia mundial. Y no menos curioso resulta el rédito político que le está sacando el Presidente Bush y el beneficio estratégico-militar que ha supuesto para su país. Da para mucha elucubración.

            Sin duda, las gentes bienpensantes opinarán que esto es un insulto, una calumnia. Que la pura verdad es que los americanos saben como nadie sacar provecho de la adversidad, enfrentarse a los desastres con actitud positiva, responder al enemigo como se merece, etc., etc. Y seguramente tengan razón.

            Sin embargo, es un hecho reconocido que los gobiernos estadounidenses y agencias paralelas han empleado sistemáticamente el engaño y el montaje para provocar conflictos en los que intervenir; han llegado a autolesionarse y/o hacerse la víctima como excusa para atacar. Nosotros deberíamos recordarlo: la guerra de Cuba no fue otra cosa.

            Una vez metidos en harina, su formidable aparato de propaganda se dedica a vendérnoslo como un triunfo para la libertad, para el mundo, incluso (milagros de la desinformación) para las víctimas. Y después, ya finiquitado el asunto, aplastado el débil, reparten algunos dólares entre los que quedan, para que reconozcan y besen la mano del amo.

            Entonces, ¿por qué habría de ser diferente esta vez?. ¿Acaso no se acusó a Ben Laden de la masacre apenas una hora después de suceder?. ¿Acaso no era este angelito un (ex) agente de la CIA o como quiera que llamen a los terroristas y comandos que ellos entrenan e instruyen?. ¿Acaso no son americanas las bases que quedarán en suelo afgano cuando todo esto termine?. ¿Acaso no será de su gusto el gobierno salido de la derrota talibán?. ¿Cómo es posible que, tres meses después del suceso, cuando el fervor occidental antiterrorista empezaba a decaer, surgieran nuevas imágenes, ¡inéditas!, de la catástrofe?.

            Pese a todo, para necios y advenedizos queda una perfecta cobertura moral:

  • Los USA fueron brutalmente agredidos, por tanto, su respuesta era legítima.
  • El pueblo afgano estaba sumido (en especial las mujeres) en la opresión y la miseria, por lo que también era beneficiosa.
  • Finalmente, el gobierno encubría y apoyaba a grupos terroristas, por lo que, además, era necesaria.

            No obstante, quisiera recordar a todos algunos extremos:

  • Que la respuesta americana fue bombardear un país entero, llenarlo de agujeros y cadáveres, para encontrar al presunto cerebro de la operación.
  • Que el integrismo retrógrado talibán formaba parte de la opción USA cuando los soviéticos intentaron modernizar aquel país.
  • Que su opción actual es el integrismo retrógrado de la Alianza del Norte.
  • Que muchos de los que ahora acusan de diabólicos terroristas ya lo eran en aquella misma época, sólo que a su servicio.
  • Que los daños colaterales (cínico eufemismo) provocados por la represalia americana ya superan con creces a aquellos que en teoría la motivaron.

            Pero vayamos un poco más lejos: ¿quizá debió bombardear España a Francia cada vez que ésta se negó a extraditar a algún terrorista de ETA?; ¿tal vez debería hacer lo propio la Gran Bretaña con USA por admitir en su suelo a miembros del IRA y no actuar contra quienes financian su aparato logístico?; ¿por qué no toman ejemplo todos los países civilizados y resuelven sus diferencias de jurisprudencia, o ya puestos, cualquier otra, a zambombazos?.

                Y ahora, cuando, tras haber despertado a la acción, empiezan a sentirse ociosos, envenenados por el olor de la pólvora reciente, incapaces de dejarlo, apuntan ya nuevas aventuras. "Sadam, Sadam el diabólico". "No habrá paz con Sadam en el poder", y otras perlas del estilo.

            La camarilla fascista de la Casa Blanca y el Pentágono quiere aprovechar el tirón de las Torres Gemelas, acabar lo que dejaron a medias cuando la Guerra del Golfo. Para ello dirán que Sadam tiene armas químicas. Que las ha empleado ya contra los propios iraquíes. Que tal vez vaya a conseguir la bomba atómica. Que es un autócrata. Que su pueblo no tiene libertad, ni pan. Probablemente, todo cierto.

            También dirán que sus Servicios de Inteligencia estaban detrás de los salvajes atentados de septiembre pasado. Que Al Qaeda se entrena y refugia en los campos de Sadam. Que el estado iraquí los financia y apoya. Probablemente, todo falso.

            Lo que no dirán, claro, es que USA también ha desarrollado armas químicas. Que USA sí que posee la bomba atómica (de hecho, es el único país que la ha empleado contra las personas). Que investigan y fabrican armas de destrucción masiva de estos y otros tipos.

            Tampoco dirán que Sadam el dictador no fue derrocado en su momento porque no interesaba a la estrategia global estadounidense en la zona. Que esas víctimas que hoy nos presentan como prueba de la mala sangre del tirano lo fueron porque Bush padre y sus asesores de entonces (muchos repiten) consideraron que era más importante mantener Irak unido, aunque fuese bajo el yugo de Satán, que salvar las vidas de unos miles de kurdos y chiítas. Que ese pueblo sometido y hambriento no difiere mucho de otros pueblos sometidos y hambrientos, cuyos gobiernos corruptos y despóticos son tolerados y hasta sostenidos por la misma Casa Blanca.

            Me escuece que aceptemos la palabra, y hasta lecciones morales, de quienes lanzaron bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, de quienes vomitaron fuego en forma de Napalm sobre todo el Vietnam, de quienes apoyaron y animaron a Pinochet en su golpe de estado, de quienes invadieron Granada y Panamá con pírricas excusas, de quienes organizaron y financiaron la fallida invasión de Cuba, de quienes minaron los puertos de la Nicaragua sandinista, de quienes instruyeron y equiparon a los Escuadrones de la Muerte de casi toda América Latina, de quienes hacen uso de su derecho(¡) de veto en Naciones Unidas cada vez que la Asamblea acuerda alguna medida diplomática contra los atropellos de Israel, etc, etc.

            Puede que últimamente Sharon se haya llevado un suave (tanto, que no lo ha notado) tirón de orejas de Bush, pero sólo ha sido porque con su ofensiva ilegal, ilícita, impresentable, le está aguando sus proyectos inmediatos contra Irak: Israel está cabreando a los árabes en general, y USA necesita que algunos al menos no lo estén, antes de arremeter contra Sadam y los que vengan detrás. Por tanto, que nadie vea en esta desautorización un posicionamiento a favor de la causa palestina, ni siquiera un deseo sincero de resolución del conflicto; la postura yanqui es coyuntural, estratégica: lo que a Bush le molesta no es lo que hace Sharon, sino que lo haga precisamente ahora (*).

            Ya sé que nada de esto es nuevo, ni secreto; pero no hay que perder de vista que el tratamiento que sus agencias (y, por inercia, la mayoría de las occidentales) dan a estos temas, aunque sea por omisión, pretende indefectiblemente transmitir la sensación de que, las mismas barbaridades, perpetradas por ellos, siempre son para bien: acciones inevitables, necesarias, la voluntad de Dios; mientras que llevadas a cabo por cualquier otro que no tenga su beneplácito, siempre son para mal: actos atroces, arbitrarios, manifestaciones de Lucifer.

            Bush parece, cada vez más, un pistolero tejano que cabalgara sobre un caballo desbocado. Y mientras, Europa, con sus líderes (¿) a la cabeza, se limita a mirar hacia otro lado, cuando no a jalear al asesino, a apuntarse al carro del seguro vencedor, a justificar sus atropellos y hasta a ofrecerle ayuda para perpetrarlos: baboso.

            Tal vez valdría la pena recordar aquí los versos de Bertolt Brecht a propósito de los nazis, que rezaban (pido perdón a los puristas) algo así: Primero se llevaron a los judíos, pero como yo no lo era, no me preocupé. Luego vinieron por los gitanos, pero como tampoco lo era, seguí a lo mío. Después se llevaron a comunistas y sindicalistas, mas como no me afectaba, no le di importancia. Hoy vienen por mí. Pero hoy... hoy es demasiado tarde.

            Bien mirado, si para algo ha servido este conflicto, ha sido para dejar bien a las claras la miseria moral que, especialmente por lo que a la clase política se refiere, padecemos en el Viejo Continente.

            Y España, dando ejemplo. Nuestros representantes(¿) se han dedicado a dar palmaditas en la espalda del amigo americano, a callar cobardemente, o, como mucho, a lamentar la situación en voz baja y con la boca pequeña: patético.

            Al fin y al cabo, la única declaración valiente que he podido oír, lejos de lugares comunes, de frases hechas y demagógicas, la pronunció un juez, no un político y vino a decir que, desde el punto de vista legal, la operación de castigo yanqui no había sido una guerra, sino una invasión.

                Quizá por eso, en prevención de riesgos, los asesores del Presidente decidieron cambiar el demencial, pero a la vez peligroso nombre de su Operación Justicia Infinita, por el no menos infame y falsario, pero sin duda más inocuo de Libertad Duradera.

            Mas con todo, no nos engañemos: Bush no comparecerá ante ningún tribunal internacional para responder de sus acciones, aunque no tengan nada que envidiar a las de Pinochet, Milosevich, o el propio Ben Laden: vergonzoso.


(*) Paràgraf afegit a l'abril (2002).