LUTO (abril 03)
xacobo | 01 abril, 2008 11:18
LUTO
(Publicat al periòdic-pamflet L'Escurçó i Co. en abril 2003).
El mes pasado tuve una hija. Desde entonces, mi vida gira en torno a ella. Su imagen de ser indefenso baila ante mis ojos, no importa dónde me encuentre ni qué esté haciendo.
Me asomo a su cuna cada vez que entro en casa de vuelta del trabajo. Pregunto a su madre qué tal ha pasado la tarde; si ha comido bien; si ha eructado tras las tomas; cómo han sido sus caquitas ...
A menudo me quedo contemplándola mientras duerme. Me emociona verla tranquila y feliz, despreocupada y satisfecha, con sus diminutas manitas relajadas, abiertas sobre su cabeza, blandamente vuelta de un lado. Escucho el leve ronquido de su respiración. Observo los gestos inocentes de su carita reaccionando a cada nueva sensación o pensamiento. Me alelo cada vez que emite su media sonrisa, los párpados entornados, la mente en el limbo. Me alejo procurando no hacer ruido por no romper la paz de su descanso, pese a saber que su letargo es más recio de lo que se nos antoja.
Entonces me pregunto si habrá alguien capaz de turbar el sueño de un bebé.
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Me siento ante el televisor y escucho las últimas novedades sobre “la guerra”. Pienso en cuántos bebés habrá en Bagdad, y en todas esas ciudades cuya existencia ayer no conocía (Mosul, Kirkuk, Nasiriya, ...). Cuántas criaturas intentando mantener el sueño entre el estruendo de las bombas, pese a las vibraciones del suelo, sobre las sirenas de las ambulancias y los gritos de pánico y de dolor de las gentes heridas, de las mujeres cuyos hijos se han convertido en carne quemada, en cuerpos desmembrados, en daños colaterales del conflicto.
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Las tropas USA entrando en Bagdad. Algunos ciudadanos salen a las calles a felicitar al vencedor. Otros estallan en odio hacia los símbolos del caído. Las televisiones muestran imágenes de la turba derrocando estatuas del tirano, apedreando su retrato, y los políticos promasacre se sonríen cual si esta fuese su mayor victoria, la prueba de que seguían el designio de Dios. ¡Como si fuera algo nuevo! Lo hemos visto en cada guerra, cada vez que un régimen ha sido derrotado por las armas.
Los que hace unos días juraban dar la sangre por su tierra se esconden asustados, temerosos de las represalias. Saben que son los vencidos. Los que hace unos días se escondían asustados, salen ahora para apuntarse a la fiesta. Se sienten parte de los vencedores. Y lo cierto es que tal vez algunos lo sean.
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Mientras los insignificantes hormiguean por el escenario de la tragedia, los carniceros comparecen ante las cámaras, con su mejor traje o su uniforme reluciente y cara de circunstancias, sin perder la compostura, presentando el comedimiento que el guión exige. Se les ve, no obstante, felices. Se frotan ya las manos: tal vez sopesan mentalmente el botín; tal vez tienen la estúpida sensación, la pretensión ridícula, de que el hecho de ganar la contienda les arma de algún tipo de razón, justifica de algún modo el que la iniciaran. Como si alguien hubiese dudado, siquiera por un instante, de cuál iba a ser el desenlace.
Es lo mismo que en las películas made in Hollywood: no importa cuánto sufrimiento e injusticia recorra el film (de hecho, es mejor cuanto más haya), siempre que el final se puede vender como “feliz”. Lo peor del caso es que, a menudo, resulta suficiente con que cese la violencia que había provocado toda la angustia.
Paradójico.
Es como si yo le pisara a usted los juanetes con todas mis fuerzas (disculpe la comparación) y, cuando dejara de hacerlo, tuviera usted que venir a darme las gracias por ello. La cultura del happy end es un peligro sutil. Pero lo es más si los que deciden qué es happy y cuando es end, son los mismos que arman el sarao.
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Creo que son días de luto para el mundo. Por los muertos de esta guerra. Por los que aún caerán. Por los que se han quedado, desolados y perplejos, a llorarles. Por los que aún se quedarán. Pero sobre todo porque hoy el mundo no es más seguro, ni más hermoso, ni más libre ... más bien todo lo contrario.
Empecemos a movilizarnos por las víctimas de la próxima guerra. Porque la habrá, sin duda, y a poco tardar. En el Pentágono ya saben dónde y cuándo. Nosotros empezaremos a intuirlo dentro de unos meses, cuando Mr. Bush y sus lacayos empiecen a insinuar que tal país no respeta las convenciones internacionales (¡mira quien habla!); que aquel régimen encubre fanáticos y terroristas; que en las playas de nosedonde han visto a un primo (es un decir) de noseque líder fundamentalista ...
Son días de luto para el mundo porque los asesinos siguen sueltos y se sienten impunes; porque cada victoria les hace más fuertes y embrutecidos; porque nuestros destinos seguirán en manos de hombres necios y mezquinos; hombres capaces de turbar el sueño de un bebé... y dormir a pierna suelta.
Santiago Diaz i Cano.